El paseador de perros o el liderazgo consciente

¿Hace unos días me encontraba en una ciudad a la que había viajado para tomar un taller de actualización invitado por mi amigo Gabriel. Había manejado varias horas y después de registrarme y dejar mis cosas en la habitación del hotel, decidí salir a caminar un poco.

Me encontraba deambulando por el centro de la ciudad, cuando pude observar a una persona que venía caminando hacia donde yo me encontraba, mientras paseaba a dos cachorros, uno a su lado izquierdo y otro a su lado derecho.

Al principio los dos perros caminaban delante de él, pero hubo un momento en que los cachorros pasaron a caminar junto a él y, acto seguido, se fueron quedando detrás. Uno de ellos caminaba del lado de la acera y el otro del lado del arroyo vehicular, incluso por momentos se bajaba de la banqueta y los autos tenían que hacer una maniobra a fin de esquivar al pobre animal para no atropellarlo.

Cuando estaba a unos metros de distancia pensé en acercarme y advertirle que el perro caminaba peligrosamente cerca de los autos, pero justo en ese momento el hombre dio la vuelta y me vi caminando detrás de ellos. La vuelta fue con tanta fuerza, que los perros salieron volando como avioncitos de feria, jalados por el cuello con la cuerda que los sostenía.

Tuve la impresión de que el perro que hasta ese entonces estaba cerca de la calle ya arrastraba sus patas traseras, como si fuera esquiando por la acera, en lugar de caminar.

El paseador de perros no se daba cuenta y, llevado por su impaciencia, los jalaba aún con más fuerza, al grado que el perro esquiador ya no solo arrastraba las dos patas traseras, sino la mitad de su cuerpo.

El hombre aceleró más el paso y dobló hacia la derecha. Decidí apresurarme para seguirlo y avisarle de la situación.

Los alcancé más adelante: uno de los perros ya no caminaba, era literalmente arrastrado junto al otro cachorro. Súbitamente el paseador se detuvo y trato de reanimar al perrito con el pie. El animal no repsondió, el hombre se agachó, lo levantó con la mano y se lo llevó cargando mientras con la otra mano jalaba al más afortunado de los animales.

Mi sensación paso de la sorpresa al horror y de ahí al sentimiento de culpa, al ver que el hombre desaparecía entre las calles… Si tan solo yo hubiera reaccionado antes…

Caminando de regreso al hotel, pase de la culpa a la reflexión… ¿A quién representaba este hombre? En mi trabajo como asesor en temas de desarrollo humano y como coach, me he encontrado jefes y líderes que, en el afán de alcanzar sus metas, en ocasiones jalan con tanta fuerza a su organización, que dejan de mirar a sus colaboradores, a su equipo y a sí mismos, sin darse cuenta de que algunos de ellos ya no pueden seguir su paso.

La cuerda y el jalón ya no les permiten pisar el suelo, se encuentran al borde del colapso y con el riesgo de dejar de respirar. Es posible que el paseador de perros hubiera actuado así por su falta de experiencia o por un exceso de confianza. Así le sucede a los líderes, quienes basados en la imagen de un patrón de éxito, que le ha permitido escalar y llegar hasta donde han llegado, consideran que lo más conveniente es continuar jalando la cuerda, sin reparar en las consecuencias, sin darse cuenta que lo que los ha llevado hasta este lugar, no necesariamente es lo que los llevará a su siguiente objetivo.

En el trayecto de regreso, reflexioné sobre la posibilidad de ver los hechos desde un lugar diferente. ¿Qué pasaría si yo hubiera podido pasar del lugar del observador pasivo que siente pena por lo que pasa a su alrededor, al lugar de los personajes de la historia? ¿Habría sido capaz de pararme en el lugar del perro y por qué no, también en el del paseador de perros?

Así, de pronto, es que dio inicio mi segundo recorrido. Mismo personaje y diferentes roles, por lo tanto, diferentes miradas.

Hoy, te invito a acompañarme en este paseo. Espero que, con ello, el sacrificio del cachorro y de las personas que me han acompañado en el camino no haya sido en balde.

Enrique Niembro Santoveña

enrique@cambiosistemico.mx

Una mirada desde mi posición de líder

El secreto para despertar la colaboración es que quien está invitado a cooperar se sienta visto y apreciado.

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